Quizás el destino nos juntó, todos son confabulaciones del mismo, pero desde el día que te conocí en ti noté algo particular, algo que no veía desde hace muchísimo tiempo, una sonrisa que reflejaba la verdadera felicidad del alma. Aquella felicidad que viene de las cosas simples, de las cosas cotidianas, de las cosas sencillas... Ahondé tu sonrisa un gran tiempo, sentía tu energía sobre la de las demás personas, y pese a yo ser un desastre en todos estos temas, logré finalmente vivir dentro de esa sonrisa.
Entiendo de sobremanera como el pasado nos persigue, ambos vivimos situaciones complejas, y aunque no conozco a fondo las tuyas, sé que de ahí provienen ciertos miedos que atormentan el presente, lo sé, a mi me pasa igual... Sin embargo, desde que logré entrar en ti, me di cuenta que juntos podemos ser más fuertes que ellos, juntos somos mucho más fuertes que los miedos que nos acogen, y juntos los superaremos. En tu mirada encontré ese apoyo que necesitaba, y en tu sonrisa encontré ese empuje que logra dar energía a mi alma y me saca adelante en un pulso desesperado de alegría y comprensión.
Hoy soy aquel poeta al que tienes enamorado, aquel que se fijó en tu sonrisa, en tu mirada, que es prisionero de tus besos. Hoy soy yo quien te necesita
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