jueves, 18 de diciembre de 2014
Entre sábanas.
Recuerdo ese día, todas las noches, todos los días. Gris como Bogotá nos tiene acostumbrados, el frío nos hacía ceder. Mientras en el sofá me dejabas consentirte y acariciar tu cabello, pellizcabas de una forma dulce y encantadora mi barriga. Todo era perfecto, de repente la situación se tornó un poco más "divertida", mientras la película que veíamos rodaba, y tú en tu afán de evitar que las cosas pasaran intentabas enfocarte en la película argumentándome que jamás en tu vida la habías visto, yo intentaba buscar tu cuello, buscar tus manos, fuiste la cómplice de los engaños de mi mente, fuiste la cómplice de aquellos movimientos involuntarios que a propósito aparecían sobre tu cuerpo. Mientras pacientemente esperaba a que sucumbieses, cayó un relámpago. Me comentaste que el televisor no aguantaría una descarga eléctrica por lo que lo más prudente era apagarlo. Me tomaste de la mano, y me llevaste a tu cuarto... En mi cabeza un soneto, muy Gustavo Cerati sonaba, algo así como Persiana Americana. Algo como "Es difícil pensar, hasta donde llegaré". En ese momento me dijiste que esperara en la cama, te levantaste y observaste la ventana, llena de gotas de lluvia, llena de oscuridad, llena de nostalgia. Te noté preocupada, no lo mencioné, mi cabeza seguía insistiendo en que debería comenzar a "lanzarme" más. Era una excelente oportunidad, pero siempre fui prudente. Sabía que en cualquier momento alguien llegaría, y esa no sería la mejor situación para nosotros. Me levanté y te abracé, así como la primera vez, no tanto como la última. Te tomé de la cintura y te di un beso en el cuello, uno lleno de inocencia y de compañía. Ahí nos quedamos, 5 minutos viendo la ventana, husmeando tu mirada, buscando tu sonrisa para robártela con la mía. 5 minutos que parecieron 50, 5 minutos en los que mi corazón se aceleró, en que tu sonrisa me robó el alma. Fueron 5 minutos en los que me di cuenta que te amo. Sí, en presente...
La lluvia disminuía y me dijiste que fuésemos a recostarnos un rato, sin intenciones más allá que la de descansar, quizás a nuestro modo. El frío era terrible, ni tú con los busos que suelo utilizar habitualmente cesabas de temblar, ni mis abrazos, ni nada ejercía el calor suficiente para quitarte ese frío, así que finalmente me lo propusiste. "Acostémonos debajo de las sábanas, así de pronto se va el frío". Yo sin pensarlo medio segundo accedí. Sabía que mis manos en lo oculto de las sábanas serían más ágiles, menos fáciles de predecir. Entendí que ese momento que la vida a tu lado llena de gozos y emociones cesaría el día en que yo dejara de luchar, en que dejara de buscar la magia de tu sonrisa. Mientras mis manos tocaban tu cuerpo, tu sucumbías ante el cosquilleó, ninguno de los dos veía que hacían mis manos, la única que lo sentía eras tú, yo seguía deleitándome frente a tu sonrisa. Frente a tu mirada de "Odio que hagas esto Camilo, pero no pares, no pares porque entiendo que tú me das felicidad"... Cesó la lluvia, cesó el frío, cesó la inquietud de mis manos... Volvimos al sofá, era de noche, debía partir. Me acompañaste a la puerta, me diste un dulce beso en la mejilla, intenté cambiar la posición pero esta vez me ganaste en agilidad, me dijiste "Ten cuidado, no quiero que nada te pase porque" y pausaste, 3 segundos que parecieron un minuto. Mi mundo se detuvo, se volvieron a abrir tus labios y de ellos salieron un "Te quiero", el más sincero que diste en tu vida, el más hermoso. Intenté buscar tus labios, pero una fuerza mayor me detuvo, algo en mí dijo "Hoy ya hiciste demasiado, no la cagues imbécil" y tomé tus manos, sonrojado a más no poder, te miré a los ojos y recité un "Te amo" al cual no supiste responder. Ahí partí.
Eventualmente sueño con ese momento, creo jamás podré superarlo. Sólo me queda un gracias, por dejarme vivirlo.
lunes, 15 de diciembre de 2014
Un atardecer eterno.
Al final sólo me queda suspirar, mientras sigo viendo este atardecer... no sólo éste, el de mañana, el de pasado mañana... Así la vida será un constante anhelo frente a un atardecer eterno.
viernes, 12 de diciembre de 2014
Lamentos.
jueves, 27 de noviembre de 2014
Espero no sea lo suficientemente tarde. Espero no sea lo último que escriba.
viernes, 21 de noviembre de 2014
A dos metros de un tal vez.
A veces la vida nos juega bromas, capaces de consternar nuestra existencia durante días. Hoy viví esa broma de una forma un tanto frívola en mi opinión. Hoy la vida me puso a dos metros de ti durante prolongados 30 segundos. Fue como si esta vida me hubiese dicho "Usted aun la quiere, la extraña con todo lo que es, acá tiene la oportunidad de buscarla, si tiene valor hagale, no lo piense mucho, de una aproveche." sin embargo, soy un cobarde.
Y es que no puedo evitar extrañarte, si para mí fuiste un mal, fuiste el mejor mal que me ha pasado, porque eso de bien y mal son solo concepciones morales, para mí fuiste más que un impacto que penetró en mi vida para hacer un boom. Es inevitable sonreír cuando recuerdo tus besos, así mismo como es inevitable la tristeza que llega a mí cuando de ti me preguntan. Aunque días pasados te he visto, y como aquel que hace algo en secreto, busco tu sonrisa de la forma más sigilosa posible, aquella que desde la primera vez que te vi me sorprendió, esta vez fue diferente. Tu cabello, tu silueta, tu voz que hace mucho no oía... Debo ser muy estúpido par que después de tanto tiempo, siga profundamente enamorado de ti.
Hoy estuve a dos metros de infinitas posibilidades que colapsan en mi mente enfrentándome al peor de los casos. Hoy te vi, hoy te sentí, hoy, ayer y desde hace mucho tiempo, te extraño. Repudio el día en que dejé de intentarlo y te perdí definitivamente.
Fallé donde más me duele, rompí una promesa. Dejé de intentar salvar esta compañía.
domingo, 9 de noviembre de 2014
Entre comas (StoneCore)
sábado, 8 de noviembre de 2014
El cuervo.
La verdad quisiera que me leyeras, sé que no pasará, para ti ya no existo, para mí lo sigues siendo todo...Nos apresuramos, quisimos que todo fuera algo, nos da miedo cuando no sabemos qué pasa, cuando no sabemos que es algo. Ese miedo nos consumió, no sólo ese, muchos más, un miedo social, un miedo psicológico, y el más fuerte de todos, ese miedo de volver a perder... Yo seguiré acá para ti, así como lo estoy en la forma más humana desde el día en que te lo prometí. Cómo el cuervo que grazna en mi oído, sólo me quiere sacar los ojos.