miércoles, 1 de abril de 2015

A través de tu mirada.

Como me gusta tu sonrisa, descomplicada y con una pizca de picardía, que me ponía a volar y me dejaba escribir con fluidez. Extraño esa sonrisa, pero creo que yo me enamoré más que de tu sonrisa, de tu mirada.
Creo que tienes una mirada única, algo que me logra exponer mi alma y sacar a flote lo más puro de mi corazón.

Aun recuerdo como fue que tu mirada fue cómplice de aquel beso que te robé. Bajo la luna, no tan llena, pero mirándonos de forma discreta, mientras reías tímidamente y hacías de cuenta que no pasaba nada. Mis labios recorrían tu cuello, tus mejillas, tu pecho, pero por alguna razón, para mi besarte tenía que ser algo más especial, más romántico. No fue sino cuando de un momento a otro las luces se apagaron, y al prenderse de nuevo estábamos abrazados, con los labios unidos, únicos, más que nunca.

Así como una primera vez, tu mirada siguió a mi lado, como la mejor cómplice de mis fechorías, sin negarnos también que estabas comenzando a sentir cierta alegría al juntar tus manos con las mías y a juntar miradas, puesto que a través de tu mirada, entendí muchísimas cosas.
A través de tu mirada, aprendí a amarte como jamás pude haberlo hecho... A través de tu mirada me sigo enamorando más y más, pese a que ya no estás aquí.

martes, 24 de marzo de 2015

Ojalá, algún día leas esto.

No puedo mentirme más, estoy soñando constantemente contigo, pero no son sueños sucios ni burdos, ni tampoco encerrados en la idea de un beso o una caricia. Sueño que estás a mi lado, sin embargo no estamos enfrentados en una condición romántica, quizás lo pueda interpretar como una amistad. Quizás es un sinónimo de cuanto te extraño, no lo sé...

miércoles, 18 de marzo de 2015

Nunca es demasiado tarde.

11:15 de la noche, y no tengo más que tu recuerdo. Ya no estás aquí, de hecho te fuiste hace rato, pero cada vez que respiro siento el olor de tu piel. Vuelvo a pensar, nunca es demasiado tarde para amar, nunca lo será. Quizás siga pasando el tiempo, y este me martirice con recuerdos, sé que nunca será demasiado tarde para un nuevo comienzo, y es que, la verdad, entiendo que esto no lo leerás, jamás fue prioridad tuya leer lo que intentaba componer usándote como inspiración. 11:30 de la mañana, hay cosas que sigo sin entender, quizás es lo mejor para mí, quizás no, sin embargo sé que aún no lo es, nunca será demasiado tarde, ven a mi mujer.

A la distancia nuestras miradas se cruzan, y como si no nos conociéremos, pasamos uno al lado del otro sin siquiera inmutarnos, pese a que en lo personal, un millar de escalofríos atraviesan mi cuerpo, e innumerable cantidad de impulsos nacen en mí. Ganas de abrazarte, ganas de tenerte de nuevo, de besarte, de darte lo mejor de mí, aunque sé que nada volverá a ocurrir, pues parece ser demasiado tarde. Y es que puede pasar el tiempo, pueden pasar los días, y tu recuerdo latente está ahí. Tu nombre, tu mirada que me enloquecía, y tu sonrisa que me animaba. Todo de ti...

Y aunque ya con lamentarme no gane nada... desahogarme es más que suficiente. Sobretodo cuando estoy lo suficientemente frustrado para no escribir bien.

sábado, 28 de febrero de 2015

Bajo la lluvia.

Estabas allí, sentada bajo la lluvia, fue cuestión de instantes para que me encontrara a tu lado y de alguna manera encontrara el valor para tomar tu mano. Sentía que estabas herida, quizás tanto tiempo que esperé para hablarte me sirvió para entenderte un poco más, y así mismo, te sentiste en calor conmigo, pese a que la lluvia mojaba nuestras ropas y el frío se apoderaba del ambiente. Estábamos allí, sentados bajo la lluvia, tú, en un estado más que deplorable, y yo intentando ser quien nunca fui, un hombre que pudiera sacarte de ese estado. Poco a poco, entre intentos de auto humillación y patéticas bromas, logré sacarte pequeñas sonrisas que contenían las gotas de lluvia que caían sobre tu rostro, aquellas que realmente eran lágrimas que no habías podido evitar. En ese momento comprendí que no era el único que me sentía solo. Pese a que en tu circulo social estabas rodeada de personas, sobretodo hombres que manejaban características que siempre creí te atraían, no lograbas entablar confianza con ninguna de esas personas.

Después de ese día entre nosotros todo cambió, a mi lado sonreías, a tu lado me sentía completo, comenzamos a formar una pequeña relación que poco a poco fue creciendo, poco a poco fue tornándose algo muy grande. Desde instantes como ese en tu casa, cuando dormías sobre mi pecho y de un momento a otro un estornudo mío te levantó, y sin más me pegaste con un cojín en la cabeza diciendo "Estúpido, no te diste cuenta que estaba descansando de la forma más placida, cosa que hago sólo cuando estoy a tu lado" mientras apretabas mi mano e intentabas hacer que yo me disculpara, dándote un beso en esa parte del cuello que tanto te gustaba. O cómo cuando fuimos por primera vez a cine, dónde una barra muy grande separaba nuestros asientos y no la podíamos mover, y entre pequeñas risitas, tus manos y las mías se encontraban a través de aquella barra, tus piernas buscaban molestar las mías y finalmente tus labios encontraron los míos sin importar la incomodidad en que se dio ese beso... O quizás ese momento que considero yo cúspide, en el cual me sentí realmente feliz, cuando de tu mano bailé por primera vez, teniéndote cerca, más cerca de lo que jamás imaginé, teniéndote ahí, a un te amo de distancia, dónde nuestras almas se enaltecieron y nuestros cuerpos se volvieron uno sólo. Ahí donde tu y yo dejamos de ser tú y yo, y nos volvimos una especie de nosotros. Finalmente, después de incontables momentos de felicidad, algo ocurrió, y ninguno de los dos volvió a ser el mismo, ese nosotros comenzó a tornarse un poco distante de las ideas que manejábamos, y poco a poco todo se fue derrumbado, hasta el punto en que ese tú y yo que al principio existió, estaba separado por una cantidad incontable de kilómetros, ese tú y yo ya no se reconocía. Finalmente llegó ese final que tanto esperé no pasara... Quizás fue lo mejor para ambos, quizás no, no lo sabré.

Estoy allí, sentado bajo la lluvia, solo, esperando que algún día llegues de nuevo, y tomes mi mano.

jueves, 5 de febrero de 2015

Frustración.

Cuando pensé que mi vida encontraría esa paz que tenía hace aproximadamente 4 años, las cosas vuelven a complicarse, tanto física, como emocionalmente. Y no es sólo el tener que haber acelerado mi recuperación de rodilla para hacer algo tan fundamental y básico como desplazarme de un lugar a otro, en este caso desplazarme al lugar donde estudio, sino también es el comenzar a tener sensaciones y recuerdos.

Pensé que volvería lentamente a hacer deporte, hace menos de 15 días comencé con una pequeña rutina de ejercicios en la pierna, más el centenar de escaleras que subo diariamente, por lo que pensé que este fin de semana podría regresar a las canchas, arrojar un balón a un aro, correr de un lado a otro... Aunque correr es un decir, entre otras cosas. Algo así como tomar el sol de nuevo, sudar y sentir la satisfacción de un buen trabajo... Pero el dolor volvió. 2 meses y 7 días después de mi operación de rodilla, ahí sigue ese dolor, punzante, tortuoso, permanente, un dolor que no se va, que siempre viene... Dolor. Por lo que obviamente estos planes de salir a jugar baloncesto, o fútbol, o tenis, o cualquier cosa, se cayeron.

Sin embargo la situación trasciende más allá, y esta frustración vuelve a tu sonrisa. Aquella que a día de hoy no logro superar. Por más que lo intente seguirá ahí, en mi cabeza, en mi corazón. La sonrisa que desperté, aquella misma que en algún momento apagué. Básicamente eso, frustración que me recuerda lo mucho que te extraño. Frustración que me hace necesitar tus besos. Frustración, frustración, decepción.

viernes, 9 de enero de 2015

No pararé de extrañarte.

Extraño solemnemente tu sonrisa cuando caías sobre mi pecho, recostados en ese sofá que nos encontró amándonos. Aquellos momentos que hacen mi existencia un poco menos miserable, que en su momento me dieron razones para ser alguien y así mismo me dieron enseñanzas que al final de todo me alegran de formas inimaginables. Sin embargo, la melancolía siempre llega, y tú eres la razón de eso.

Es que básicamente extraño todo de ti. Tu sonrisa, tu mirada, tú suave y blanca piel que enrojecía al ser besada. Cada momento a tu lado lo recuerdo con claridad, incluso aquel primero, que fue hace ya tanto tiempo. Jamás olvidaré esa primera vez que te vi, parecía que ninguno de los dos estaba emocionado hasta que cuando te saludé me sonrojé, y tu al notarlo también lo hiciste. Fue tan fugaz, fue tan irreal, pero sé que eramos alguien en la vida del otro, y lo más importante, eramos felices.

Las situaciones juntos siguieron ocurriendo, caminando de tu mano por la ciudad, corriendo de un lado a otro, queriéndonos a nuestra manera. Me siento como un idiota cada vez que recuerdo cómo comencé a dañar todo. Aunque quizás esa es la razón por la que hoy día soy más comprensivo. Sacaste lo mejor de mí, espero en algún momento haber sacado lo mejor de ti. Marcaste un antes y un después en mi vida, pero en ese espacio que vivimos entre el antes y el después me hiciste infinitas veces el hombre más feliz del mundo.

Pero... Ya no me queda nada más que un te extraño. Sé que es imposible que lo nuestro regrese, sé que es imposible que algún día me perdones.

Sin más, no pararé de extrañarte. No lo creo físicamente posible.

viernes, 19 de diciembre de 2014

El último suspiro.

Mientras más pasan los días más recuerdo ese momento. Cuando todo devino y de una amistad tan pura como el brillo de una esmeralda surgió una fuerza más allá, una que jamás podré explicar. Evoco tu recuerdo en razón de tu silencio. Aquel silencio que con rudeza apuñala lo más profundo de mi ser y desvanece mi alma en un vaso de vino que posteriormente derramarás. Sin más, en mis últimos instantes donde la razón y la cordura gobiernan mi ser, he de decirte de la forma más sincera que cómo a ti, no creo encuentre jamás a alguien. Que como a ti, no creo que jamás vuelva a dar tanto por alguien. Son mis últimos minutos, son mis últimos suspiros, son tuyos también, pues a lo que a mi respecta, la última fracción de mi vida fue más tuya que mía. Y aunque tú no estés y quizás no recuerdes quien soy, seguiré robándote aquellos fragmentos de ti que generan energía en mi corazón y desatan la inspiración que necesito.

Evoco tu recuerdo, para rememorar aquel instante en que me di cuenta que tu mirada hacía mi era diferente a la primera mirada que me regalaste. Eran quizás las 10 de la mañana, corrías de un lado a otro buscando materiales para realizar tu labor, mientras yo despreocupado bebía de mi botella un profundo sorbo de agua.  El estrés te dominaba, lo noté cuando no me dejaste acercarme de la forma que tanto te gustaría en un futuro. Tu mirada dispersa buscaba rotundamente alejarse de la mía y evadías de forma astuta aquellas preguntas que intentaban entrar en un tema un tanto más romántico.
Ese día todo saldría mal, o al menos eso pensé. La verdad no sé cual era mi afán para tenerte a mi lado, si tú ni siquiera te habías dado cuenta de lo que por ti sentía. Pasó el medio día, rechazaste mi invitación a almorzar, terminé yendo sólo prometiéndote que volvería. Casualmente ese día me encontré con unos amigos, y mi tarde se dispersó con ellos. Cuando eran las 6 de la tarde, recordé mi promesa y salí corriendo a buscarte de nuevo. Llegué y encontré todo tal como estaba cuando me fui. Tú en un estado de cólera, corriendo de un lado a otro, mi botella de agua al lado del sofá, un desorden en la mesa donde solías trabajar, un aire de cansancio y desespero. Sin embargo, cuando me viste, cambio algo en ti de una forma tan drástica que me conmocionó de una forma indescriptible.
Cuando volteaste a ver quien había llegado, y me viste, tu sonrisa, tu mirada, tú cambiaste. Jamás olvidaré esa mirada, y esa sonrisa, un cambio drástico del desespero a la emoción. Lo correcto en ese momento era besarte, pero mi cabeza jugando con mis movimientos falló y entre un abrazo desde lo más alto de tu cintura y un beso sin rumbo fijo que estrelló con tu mejilla, noté que en tus ojos un brillo especial. Algo que no notaba desde hace mucho tiempo en una persona, un brillo de esperanza. 
Ese día entendí que mi misión en esta vida, en estos instantes, en ese lapso de tiempo que tú me permitieras, sería nada más que mantener esa mirada y esa sonrisa, llenas de esperanza, llenas de magia. Vivir dentro de esa magia, vivir dentro de esa ilusión. 

Sin embargo, en mi último suspiro fracasé, de nuevo.